""La imagen que vuelve (XIV)" "

Sábado 26 de enero de 2013

Si alguien quiere alguna vez vengarse de mí por algún motivo (siempre injusto, por supuesto), no tiene más que tararearme una estrofa de alguna canción pegadiza, a sabiendas de que no me la podré sacar de la cabeza durante días, haga lo que haga. Así son de obsesivos mis recuerdos.

Hace ya una semana que hemos regresado de la Antártida, una semana para recuperar la normalidad y recordar que Einstein tenía razón y que el tiempo puede tener longitudes distintas. En este caso corre de manera distinta según se trate de tiempo de viaje o tiempo de casa. Abro cartas, caliento el nido y empiezo a poner orden al caudal de fotos (varios miles) y de horas de rodaje que nos hemos traído de la Antártida. Después de 2 días pasados en el horno de Buenos Aires (35 grados y yo con la maleta llena de anoraks, guantes y polares) hemos regresado al frío y de alguna manera securizante invierno.  

Por algún motivo cada vez me identifico más con los paisajes fríos. Quizá es porque guardo en la memoria lejana e inconsciente mis orígenes de nieve. Según me contaban mis padres, allí en Bucarest, donde nací, las guarderías sacaban a los bebés al aire libre con 20 grados bajo cero de acuerdo a la más que discutible teoría de que lo que no mata curte.  Quizá es porque mi padre me contaba cómo me llevaba a cuello, caminando, por el nevado invierno rumano en plena avenida Aviatorilur, quizá porque algunos de los paisajes más hermosos que he contemplado en mi vida están relacionados con la nieve, el caso es que me gusta ese silencio, me tranquiliza la quietud del blanco. Y aquí, consciente e inconsciente se funden en mi memoria. 

Algunas de las imágenes que he contemplado estos días en la Antártida me vuelven una vez y otra machaconamente, como una canción pegadiza. He seleccionado algunas de las fotos que conforman ya para siempre mi imaginario antártico.

Será una buena manera de cerrar este blog y de agradecer la paciencia a quienes me han ayudado a hacerlo y a quienes lo han leído. Agradecer a Hans sus estupendas fotos. Tengo que decir que he descubierto una buena manera de compartir las emociones del viaje.

Prometo seguir contando experiencias vividas en los diez años que llevo de un lado para otro rodando documentales. En mi memoria, agolpándose codo a codo junto a las de la Antártida y necesitando salir con fuerza, imágenes de guerras, perfiles duros, imágenes de esperanza, imágenes preciosas,  de pacto,  de tragedia, de ilusión y de superación, imágenes que vuelven y volverán hasta que no las comparta...

Pronto abriremos un nuevo blog.  Nos vemos ahí. Besos y abrazos.

Albert Solé

 

Una de las últimas fotos de Hans en la Antártida. ¿Un iceberg?, ¿una ballena?... Magia

Fotografía: Hans Hansen

 

¿Alguién ha visto la base?

Fotografía: Hans Hansen

 

El equipo

 

""Paraísos perdidos (XIII)" "

Domingo 13 de enero de 2013

Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, con permiso del pequeño puerto militar chileno de Puerto Williams, ha sido el punto final de nuestro viaje. El momento de rebobinar memoria y de recapitular el alud de vivencias y encuentros que ha supuesto este viaje antártico y también el momento de retomar contacto con la realidad, después de este paseo por uno de los lugares más mágicos del globo. Y lo es por distintas razones.

A poco de desembarcar del Hespérides, Pepita Castellví ha hecho un comentario que me ha hecho pensar mucho: "acordaros que aquí se utiliza el dinero" ha dicho nada más abandonar el muelle de atraque y volver a ver coches, tiendas y gente paseando. "Y además hay noche", he añadido yo.

Efectivamente, en la Antártida se vive en una burbuja en que algunos de los puntos cardenales de nuesto universo quedan en suspenso. No hay dueños, no hay territorialidad e impera la solidaridad por encima de cualquier diferencia. La preservación ecológica es la única ley y científicos, técnicos y militares viven en una especie de simbiosis donde los objetivos supremos son la ciencia y el conocimento. Nada más y nada menos. Dicho así, parece demasiado bonito y en este mundo cruel nada es gratis.

Obviamente que todo este esfuerzo tiene un coste importante para el erario y los sistemas de ciencia de cada país y que además mucho del conocimiento adquirido es codiciado y a menudo financiado por las grandes corporaciones. Sabemos que algunos países están únicamente aquí por interés geopolítico como sabemos por Yves Lacoste que la geografía puede acabar siendo una arma de guerra. Pero no es menos cierto que el Tratado Antártico garantiza que hasta el 2047 se mantendrá el actual estatus quo.

La esperanza es que para entonces el mundo entero haya entendido la joya que tiene en sus manos, que éste sea el gran laboratorio de cooperación científica internacional, el último reducto para la utopía. Aquí se encuentra la respuesta a muchas grandes preguntas, en el hielo está atrapada la memoria del planeta. Aquí se estudia el agujero en la capa de ozono, el calentamiento global o la dinámica de placas tectónicas. Los estudios sobre el permafrost se trasladan directamente a la misión en Marte. De todo esto hemos estado hablando estos días.

A mí, que a mis años empiezo a estar viajado y resabiado, cada vez me cuesta más emocionarme con paisajes y lugares. Me parecen cada vez más intercambiables. La Antártida no.  Es distinta. Lo más hermoso que he visto.

No puedo más que mostrar mi agradecimiento a todos quienes han hecho posible el éxito de este viaje. A Miguel Angel Ojeda, Micky, coodinador de la campaña y a los responsables del CSiC y del Comité Polar. A todo el equipo de la base Juan Carlos I comandado por Jordi Felipe. Gracias Iñaki y Arkaitz por el viaje en moto de nieve por el glaciar de Livingston, a todo el destacamento militar que mantiene la base Gabriel de Castilla y a su comandante Alvaro Kroner quien además nos guió por los escarpados montes de la isla Decepción. A todos los técnicos de la UTM que hacen que la máquinas funcionen, a los científicos que solapan con una pasión sin límites las carencias y dificultades, a la tripulación del Hespérides y al comandante Jaime Cervera (cuantas horas pasadas en el puente junto a Jerónimo López hablando de lo divino y lo humano). Gracias al equipo de apoyo, Gema Val, Roberto Figueroa y Cristina López en Barcelona. Gracias a Hans Hansen, Marc Casademunt, el equipo de rodaje, por aguantar el ritmo incesante de trabajo, mis dudas y mis cambios de guión de última hora. Pero sobre todo, a Pepita Castellví por haber aceptado abrir su paraíso perdido cuando ya lo había cerrado. Pepita, eres una estupenda compañera de viaje, siempre de buen humor, compartiendo barracones austeros, frío y jornadas maratonianas con todos nosotros sin una queja. A todos vosotros, mi agradecimiento sincero por haber hecho fácil lo dificil.

Este proyecto empezó casi como una intuición. Espero haber sido capaz de trasladar con este blog, que aquí termina, la intensidad de la aventura vivida. Será un buen augurio para la película....

Todos tenemos lugares que recordamos desde la nostalgia más profunda. Ahora ya sé porqué a Pepita y a Antoni Ballester se les llenan los ojos de lágrimas cada vez que hablan de la Antártida.

Albert Solé

 

 

Jordi Felipe, jefe de la base Juan Carlos I

Fotografía: Hans Hansen

 

El reloj que hizo fabricar Pepita cuando era jefa de la base y que aun sobrevive

Fotografía: Hans Hansen

 

Pepita limpiando el reloj en la base

Fotografía: Hans Hansen

 

La tripulación del Hespérides y nosotros visitando la base argentina Primavera

Fotografía: Hans Hansen

 

Las infinitas tonalidades del azul antártico

Fotografía: Hans Hansen

 

Jaime Cervera, comandante del Hespérides

Fotografía: Hans Hansen

 

Pepita Castellví absorbiendo el primer sol antártico

Fotogafía: Hans Hansen

 

La estación ballenera abandonada en la primera mitad del siglo XX en Decepción

Fotografía: Hans Hansen

 

La base española Gabriel de Castilla

Fotografía: Hans Hansen

 

El comandante de la base, Alvaro Kroner y el geólogo Jerónimo López

Fotografía: Hans Hansen

 

Miguel Angel Ojeda, Miki, coordinador de la campaña, en su "teletubbi".

Fotografía: Hans Hansen

 

Los líquenes antárticos, objeto de muchas investigaciones científicas.

Fotografía: Hans Hansen

 

El equipo de rodaje, a su llegada a Ushuaia.

Fotografía: Hans Hansen

""Carta a los dioses (XII)" "

Sábado 12 de enero de 2013

Estimados sres Neptuno y Eolo,

Ahora que por fin avistamos el cabo de Hornos, lo cual ha provocado un buen alborozo entre los tripulantes y el pasaje del Hespérides, no he querido dejar pasar la ocasión de mandarles unas palabras de agradecemiento que, les ruego, hagan también extensivas a la subdireccion general de Tormentas y tempestades de su Gobierno.

Los que nos dedicamos a la comunicación sabemos de sobras lo dificil que es crear un mito y alimentarlo año tras año sin que decaiga el interés del público. Mucho nos habían hablado del temible cruce de paso de Drake, que separa la Tierra de Fuego de la Península Antártica, por lo que lo hemos abordado con gran ilusión y expectativa.

Les felicito por la calidad del espectáculo ofrecido en esta ocasión. Especialmente destacables han sido las olas de casi 9 metros y las rachas de viento de 120 kilómetros. También muy conseguidos los efectos luminotécnicos con esos finos rayos de sol que iluminaban fugazmente las grandes masas de agua que se nos echaban encima por babor creando una inclinación importante en el barco. Hay gente que paga una fortuna por vivir estas emociones en los grandes parques de atracciones mientras que a nosotros nos ha salido totalmente gratis.

El pasaje estaba tan contento de la experiencia que algunos han decidido improvisar una yenka luciendo además un envidiable color cetrino, entre el verde y el amarillo. Ya saben izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante atrás, un dos tres. Una coreografia a la que se han unido con entusiasmo varios objetos del barco, entre ellos sillas que por muy trincadas que estuvieran se han arrancado también por bulerías para unirse al jolgorio general. Otros en cambio, entre ellos yo, hemos decidido disfrutar del show desde las ventanillas de nuestros camarotes sin movernos de nuestras camas más que para ir al baño, cuando eso era posible. Al final me dolian las costillas y los riñones de tanta cama.

Algunos aún no han salido. Sin ánimo de ofender y sólo para poner algún pero, me pregunto si no sería conveniente acortar un poco la duración del espectáculo y dejarlo en 20 minutos en vez de las 48 horas que ha durado éste. Ya saben, lo bueno si breve......

Al llegar al cabo de Hornos hemos salido todos a cubierta como si volviéramos a nacer y a alguno le ha dado por entonar una estrofa de El Jardín prohibido cuando dice aquello de "....no lo volveré a hacer más".  Sin otro particular, y agradeciéndoles una vez más esta demostración de fuerza de la naturaleza me despido de vds mandándoles un cordial saludo y garantizándoles que de ésta me acordaré una buena temporada.

Atentamente.

Albert Solé

 

 

Importantes olas de más de 8 metros han barrido el Hespérides

Fotografía: Hans Hansen

 

Fotografía: Hans Hansen

 

Cuando hemos apercibido el cabo de Hornos hemos saltado de alegría

Fotografía: Hans Hansen

 

Pepita castellví y el geólogo Jerónimo López, con el cabo de Hornos al fondo.

Fotografía: Hans Hansen

 

""Sin capítulo" "

Sábado 12 de enero de 2013

Por motivos obviamente conocidos por todos, hoy no tendremos capítulo. Albert y su equipo desde el Hespérides están atravesando una tormenta en un punto inconcreto del Paso de Drake.

Sabemos que se encuentran bien pero la comunicación con ellos es escasa.

En cuanto tengamos nueva información, la comunicaremos.

Gracias a todos por seguir día a día este blog.

Equipo Minimal Films, Barcelona

 

""Crónica del viento (XI)" "

Jueves 10 de enero de 2013

En el verano austral el problema no son las bajas temperaturas sino el viento, me contó Josefina Castellví antes de salir de Barcelona. Tardé unos días en comprobar las consecuencias de esta climatología extrema que, según parece, aún va a dejarnos un último regalo.  El otro gran problema son los cambios bruscos del tiempo. Te levantas con un día radiante y en un par de horas estás enmedio de una ventisca de mil demonios.

He visto la bahía Decepción convertida en una caldera a presión, con vientos de 80 nudos y a las pocas horas en un plácido lago de aguas tranquilas.  Las tormentas aquí pueden tener un radio de acción muy pequeño e intenso. Digo todo esto porque llevamos ya una jornada navegando por el paso de Drake, que separa la Antártida con la Tierra de Fuego.

Lo primero que se cuentan quienes han viajado por mar a la Antártida es qué Drake les ha tocado en suerte. Unos cuentan historias de terror en que se han pasado tres días jurando en arameo que no volvían a pisar un barco en su vida. El problema es que en el paso chocan Pacífico y Atlántico con una diferencia de un metro de altura entre ambos, lo cual garantiza incluso en el mejor de los casos un considerable meneo.

Llevamos de momento más de 15 horas de Drake, con  el mar como un plato y cubierto de una niebla inquietante. Tengo la sensación de que en cualquier momento puede aparecer de la nada un barco fanstasma o el Holandés errante con una oronda soprano wagneriana soltando arias en cubierta.

El paso, hoy, parece un balneario para jubilados. Demasiado bonito para ser cierto, pero advierto en la previsión climatológica del Hespérides una inquietante masa de color rojo llena de isóbaras y flechas hacia la que nos dirigimos de cabeza. Según las previsiones llegaremos mañana viernes por la tarde al ojo de la tormenta. Lo de ahora es "la calma que precede a la tempestad" me dice uno de los pilotos. La tranquilidad nunca dura mucho tiempo por aquí y además seguimos encontrándonos icebergs dispersos por el camino. Espero que el Carpantia esté por aquí cerca y con la radio encendida, si no es mucho pedir.

Para mañana, Biodramina en vena, bolsa antimareo y la moral bien alta, que los valientes mueren de pie y los cobardes de rodillas y echando las potas.

Albert Solé

 

 

El paso de Drake está sospechosamente tranquilo esta tarde

Fotografía: Albert Solé

 

La previsión metereológica nos muestra una mancha roja muy fea

Fotografía: Albert Solé

 

El puente de mando del Hespérides, con una tranquilidad inaudita. Mañana la cosa cambiará

Fotografía: Albert Solé