Teaser "Gabor"

Some of the template's typographical aspects.

Ficha técnica

  • Dirección: Sebastián Alfie
  • Producida por: Albert Solé y Sebastián Alfie
  • Director de Fotografía: Angel Amorós
  • Editor: Javier Laffaille
  • Sonido: David Mantecón / NO PROBLEM Sonido
  • Música Original: Fernando Polaino y Orquesta Pinha
  • Guión: Sebastián Alfie, Albert Soler y Pedro Loeb
  • Diseño de Pantalla y títulos: COCOE
  • Ilustradora: Ana Nadal
  • Postproducción: El Ranchito
  • Telecine: María Carretero
  • Postproductora: Nike Alonso
  • Operador Online: Aníbal del Busto
  • Consultora de guión: Fernanda Rossi

Página web del proyecto

Gabor "making off"

Docs Pitching Forum Barcelona

SINOPSIS

Sebas tiene que filmar un documental sobre la ceguera en el altiplano boliviano. Buscando equipos para rodarlo conoce a Gabor, un director de fotografía retirado que perdió la vista hace diez años. Sebas le propone que sea su colaborador y que rueden juntos en Bolivia. Pero si Gabor no puede ver, ¿cómo hará para poder filmar?

CARTA DEL DIRECTOR

Al conocer a Gabor comprendí que su historia era demasiado interesante como para no ser contada. Un director de fotografía que se queda ciego no sólo es una broma cruel del destino, también es una metáfora en sí misma. Luego, al tratarlo, me dí cuenta de que más allá de sus circunstancias excepcionales, de su lucha de superación, había en Gabor una personalidad rica y compleja. Y me propuse mostrarla de la manera que, creo, sirve para conocer mejor a una persona: trabajando juntos, filmando.

Gabor Bene no sólo perdió la vista hace diez años, en ese mismo momento también perdió su herramienta de trabajo y su sustento. Sin embargo, en vez de abandonarse a la autocompasión, salió adelante con una fórmula infalible: riéndose de sí mismo. En “Los abrazos rotos” el personaje del director dice “ya me quedé ciego, ¿qué es lo peor que me puede pasar ahora?. Esta es la filosofía de Gabor y es este es el subtexto que recorre esta película de punta a punta.

Por ejemplo, como dice Gabor refiriéndose a su nueva actividad de alquiler de cámaras: “no te asombres de un director de fotografía ciego…a mí me toca trabajar con varios”. O, quejándose de lo rápido que se desvalorizan los equipos en los que invierte: “si lo sé me hago anticuario”.

El cine sobrevoló nuestras charlas todo el tiempo. Gabor vio su última película hace diez años. Su memoria le permite recordar escenas, y como ocurre en estos casos, al perder la vista mejoró considerablemente el acceso a su memoria visual. Esta particularidad me dio la idea de hacer un juego, de hecho lo hicimos en uno de nuestros primeros encuentros: yo proyectaba una película y a partir de lo que iba escuchando, Gabor me iba describiendo lo que recordaba de cada escena. Acertaba, muchas veces con lujo de detalles. Ejerciendo un fino sentido de crítica cinematográfica, las escenas que no podía describir plano a plano se debían, según Gabor, a que “no serían esenciales para la película”. Y la mayoría de las veces estaba en lo cierto.

Apareció frente a mí el personaje en toda su dimensión. Gabor no sólo era un director de fotografía que se quedó ciego. Es una persona con una gran preparación, con una posición filosófica y política, fruto de haber estudiado cine y fotografía en una época y en un lugar en los que tener una cámara en la mano implicaba querer decir algo. Y algo que, desde luego, podía costar muy caro.

Durante una charla Gabor me recomendó “El maestro y Margarita” del escritor soviético Bulgakov. Hay un dato sobre éste libro que me resultó muy significativo: el manuscrito de esta novela se quemó y Bulgakov tuvo que escribirla de nuevo, de memoria. Pensé que si un escritor podía escribir una novela de memoria, quizás un director de fotografía podía hacer lo mismo, filmar desde su memoria. Me propuse hacer avanzar la historia con una pregunta por lo menos insólita: ¿podría Gabor volver a participar en el equipo de un proyecto cinematográfico?

Además de tratarse de alguien con una gran memoria cinematográfica y con muchos conocimientos técnicos, yo sospechaba que si encontrábamos la manera de integrarlo en nuestro equipo, cuando abriéramos esa puerta me encontraría con un gran caudal de energía y amor por el trabajo, capaz de inspirarnos a todos. Y así fue. Con la diferencia que fue él quien nos integró a nosotros en su equipo.

En ese momento, frente al desafío del día a día de un rodaje complicado, como es rodar en el altiplano boliviano, a 4000 metros de altura, pasó algo muy satisfactorio y que yo íntimamente deseaba: todos los del equipo dejaron de ver a Gabor como un invidente y pasaron a aceptarlo como un colaborador, alguien valioso para avanzar por este terreno, desconocido para todos salvo para él.

Fue un día muy especial para todos. Y como dijo Gabor, volver a filmar fue “como estar en casa… mejor que estar en casa”

Sebastian Alfie